Si quieren aprender, ¡apóyalos!


Hace unos días, leí un artículo acerca de cómo es la vida de los niños superdotados en México. El tema se desarrollaba a partir del caso de Andrew Almazán, un joven que a los 20 años ya cuenta con un grado en psicología, uno más en medicina y uno que otro diplomado en medicina general.

Desde niño, Andrew se dio cuenta de que tenía gustos e intereses distintos a los de la mayoría de sus compañeros. También pasó por situaciones como el aislamiento y la falta de comprensión por parte de algunos maestros, quienes no sabían cómo tratar a un alumno intelectualmente avanzado.

Afortunadamente, los papás de este niño superdotado se pusieron las pilas y en vez de quedarse sólo con el diagnóstico elemental de niño problema, o con el más complicado del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), buscaron formas de incentivar algo que percibían en su hijo, más allá de los términos psicológicos: la curiosidad por aprender.

Pero no todos los niños con dotes intelectuales superiores corren con la misma suerte. Por ello, al empezar a ejercer profesionalmente, Andrew Almazán se unió al Departamento de Psicología del Centro de Atención al Talento, donde tanto los niños superdotados como sus familias reciben apoyo para encausar sus habilidades y que éstas no les causen problemas.

Para determinar si un niño es superdotado, se deben llevar a cabo varias pruebas; entre ellas, la que permite medir el coeficiente intelectual. No obstante, lo que padres y maestros podemos detectar más fácilmente son ciertas actitudes y comportamientos, que si bien no siempre son indicadores de sobredotación intelectual, sí pueden señalar la necesidad de ciertas atenciones especiales o, sencillamente, la existencia de una gran curiosidad por aprender.

Esto último jamás debe menospreciarse. Independientemente de métricas como la del coeficiente intelectual o de que tus hijos aprendan a un ritmo igual o superior al de otros niños de su edad, si manifiestan interés por algún ámbito del conocimiento en particular o por desarrollar ciertas habilidades, es muy importante apoyarlos.

Aquí te damos algunas ideas para que fomentes su desarrollo intelectual y especialmente, para que los apoyes cuando manifiesten interés por aprender:

Regálales libros

Si tus pequeños demuestran interés por los dinosaurios, las naves espaciales, la mitología, el deporte o cualquier tema imaginable, regálales libros que traten esas cuestiones. De esta forma empezarás a fomentar su curiosidad por algún ámbito científico, artístico o cultural y también el gusto por la lectura.

Llévalos a museos

Por fortuna, en esta época existen museos acerca de todo y para todas las edades. Tal vez algunos niños se hayan hecho a la idea de que los museos son aburridos, lo cual pudo haber ocurrido porque la visita que hicieron fue obligada por la escuela o no coincidió con sus intereses. Pero si los llevas a un museo lúdico, como El Papalote, en la Ciudad de México, o a uno relacionado con las cosas que le gustan –como el Museo de Geología, para los fanáticos de la prehistoria- los enseñarás a valorar y disfrutar este tipo de recintos.

Apoya sus prácticas artísticas o deportivas

En relación con este tipo de actividades, los papás podemos caer en uno de dos extremos igualmente problemáticos. O bien forzamos su participación en actividades que no les gustan, para que desarrollen sus habilidades; o les negamos el permiso para hacer algo que llama su atención, ya sea por cuestiones económicas o de tiempo. Si tu hijo manifiesta interés por practicar algún deporte, tomar clases de música o danza, o cualquier actividad extraescolar, escúchalo y busquen la manera de canalizar su interés.